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Desencanto en America vs Tigres




Por: Hugo Ruiz
Colaborador especial.
Así se sintió la afición de dos grandes este fin de semana. Hablo de Chivas y de América. Ambos recibieron goleadas en casa, ante el desencanto de sus públicos. Ofendidos a más no poder en sus territorios, ante su gente, en su entorno.
Chivas recibió 4 el viernes de parte de los Xolos de Tijuana. América en cambio, recibió 3 por cortesía del millonario equipo de Tigres.
Cada vez que el equipo de Coapa recibe en el Azteca, tengo la oportunidad de estar allí. Este fin de semana quiero compartir de lo que vi en la noche del sábado en el inmueble de Tlalpan.
América salió inexplicablemente en con una formación distinta a la que veía presentando Ambriz con mejores resultados. De un parado táctico 5-3-2, cambió a dos líneas de 4 y dos en punta. Ambriz perdió la media cancha pues, ni Oswaldo Martínez, ni Rubens Sambueza, ni Renato Ibarra, ni el Chepe Guerrero pudieron darle solidez a una media cancha, que desde el principio del partido de noto incómoda. América estaba sin orden, sin idea y lo pagó caro a los minutos 37, 59 y 92 para dejar claro que América tiene mucho en que pensar para poder aspirar a una celebración de sus 100 años de manera satisfactoria.
Por su parte Tigres, que venía de dos empates, tampoco lució tan poderoso. Los golazos producto de una manufactura individual por parte de Aquino y de Gicnac, no reflejaron en la cancha un equipo sólido, conjuntado, y fuerte.
Más allá de lo que paso en la cancha quiero comentar de lo que se vive en la tribuna. Esa parte que no estamos seguros qué tanto, los equipos conozcan y vivan realmente, o si simplemente se asume como un mero cliché. Hablo de su afición.
Hay historias increíbles en las gradas. Les contaré dos.
Josué, Pablo y Daniel, son unos chavos que viven en Estados Unidos y que no rebasan los 19 años. Josué y Pablo son hermanos y viven en Matamoros, mientras que su primo Daniel, vive en Mc Allen Tx. Desde pequeños han sentido amor por la camiseta americanista, y el sueño de ellos era ver al América jugar en el nido. Así que, como venía el cumpleaños de Daniel, decidieron venir a la Ciudad de México de vacaciones y cumplir su sueño. Los rostros de emoción al llegar al Estadio Azteca, reflejan esos sentimientos que no se pueden describir, sólo se pueden ver, admirar. Los ojos de los tres muchachitos casi se desbordaban; querían mirarlo todo, disfrutarlo todo. Por supuesto que hicieron su escala obligada en la tienda de productos del América para llevarse lo más que sus ahorros les permitieran conseguir. Gorras, banderas, camisetas y chamarras, originales, no chafas (como ellos querían) ya están en estos momentos en la maleta de recuerdos que llevan de vuelta a casa.   
Entrar al estadio, ver a su equipo entrar al campo, vivir en persona los cantos y el escenario en su máximo esplendor difícilmente es algo que podrán olvidar. Pudo ser la experiencia más grande si América hubiese metido las manos al menos. Estoy seguro que el grito de gol, se quedó ahogado en sus pechos, no sé por cuánto tiempo más, sólo sé que esas ganas se quedaron allí.
En otra zona de las gradas, conocí a Joel. Uno de los muchísimos héroes que han dejado su país, su gente, sus costumbres, su casa (hablando de México como país), como dice él, para buscar una oportunidad de trabajo, de calidad de vida para él y los suyos, del otro lado del río. Joel vive en Dallas Tx, y vino con toda su familia a vacacionar al México de sus amores. Cada día desde lejos, Joel trabaja de manera honesta y con el esfuerzo de sus manos, trata de poner el alto el nombre de México. Así, Joel vino a vacacionar a su casa. Llegar acá, le produce tanta emoción, pasión y un amor tan grande por su país, que me parece difícil hallarlo en muchos de los que vivimos acá. A pesar de ser asaltado en el centro y que le quitaran parte de su dinero y su teléfono celular, Joel sigue pensando que su México, es el mejor país del mundo.
Y con esa misma pasión, Joel vive el partido del equipo de sus amores, el América. Ataviado ya con la nueva playera color vino, y acompañado por 7 damas, entre sus cuñadas, hijas y sobrinas, todas vistiendo los colores del América; Joel disfruta, grita y lamenta, cada jugada. Lo miro desde lejos, y no puedo sino sonreír al verlo tan metido, tan emotivo. Pienso en el dineral que gastó con tan sólo las entradas, camisetas, banderas, chelas, Maruchan, cacahuates y demás. Visitar a su equipo, le salió caro. No sólo en lo económico, sino también en la derrota llevada a cuestas.
Joel, Daniel, Josué y Pablo, son esos aficionados que nos arrancan una sonrisa, y que me recuerdan lo hermoso del futbol, pero también lo injusto que puede ser a veces. Me provoca tanto coraje que estas historias de vida, no las conozcan los jugadores en la cancha, y que sean simplemente historias que jamás serán contadas, o escuchadas por ellos.
Amigos que nos visitaron desde lejos. Se llevaron la noche. Ustedes son la verdadera grandeza de un equipo como el América. Recuerdo el eslogan de hace unos años del América. Grande, muy grande, decía. Cuando conoces aficionados así, sabes que ese, Grande Muy Grande, es una realidad.






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